
El juego se presenta en una encantadora caja de cartón, robusta y colorida, en la que se ve un alegre dibujo de una calle con casitas, perritos, ¡un oso!... ¡¡¡un gorila!!!. Quizá la caja sea algo abultada para el contenido, pero aún así me parece tan vistosa que ya la tengo entre mis favoritas de la estantería.
En el interior hay un librito de reglas a todo color (y a todo inglés); un montoncito de monedas de cartón; un mazo de 30 cartas de cheque valorados entre los 0 y los 15.000 dólares; y un mazo de 30 cartas de casas, todas distintas y numeradas del 1 al 30. Las monedas y los cheques no son especialmente interesantes, pero las cartas de casa son una delicia: un pisito, un yate, un rascacielos, la casita del perro, un faro, una caravana, un castillo... Todas son vistosas y alegres, y en cada una de ellas hay algún simpático animalito excepto en la plataforma espacial (hubiese sido genial pintarle un marciano verde cabezón).

La partida, que llevará unos quince minutos, se juega en dos fases. En la primera se juega con el mazo de casas, previamente barajado y puesto en la mesa bocabajo. En cada ronda de subastas se sacarán del mazo tantas cartas como jugadores haya. Las cartas se muestran y los jugadores pujan por ellas con sus monedas, en sentido horario. Siempre que se puja hay que superar la puja anterior. Cada vez que un jugador pasa, paga la mitad del dinero que ha pujado hasta el momento y se queda con la peor carta de la subasta. El último jugador se queda con la mejor casa de la ronda, pero paga todo el dinero que ha pujado. Al acabarse la ronda se sacan de nuevo tantas cartas como jugadores y empieza una nueva subasta. Y así se prosigue hasta que se acaban todas las casas.

Es el momento de contar el dinero (sumando cheques y monedas). El que más tenga gana, y si hay empate se resuelve a favor del que tenga más dinero en monedas.
Como se ve, For Sale tiene una mecánica elegante y muy estratégica. A priori todos los jugadores parten con las mismas posibilidades de éxito, con lo que el azar no es determinante en el resultado. Se trata, pues, de encontrar el modo de llevarse buenas casas por poco dinero y venderlas por buenos cheques. ¿Cómo lograrlo? A mi no me miren: jamás he ganado una partida.
En cualquier caso, For Sale es un juego ameno y muy rápido. Tiene su punto simpático gracias a las vistosas cartas, pero la mecánica en si no es graciosa. En general, no ha despertado pasiones en los dos grupos de jugadores con los que lo he probado. Sin embargo, con la benevolencia que me caracteriza, yo lo considero un buen juego que probablemente se disfruta mucho más cuando se ha jugado un buen montón de partidas y se ha tomado cierto control sobre la estrategia. Al principio puede parecer un poco abstracto y resultar menos interesante. Por mi parte, intentaré jugarlo más y exprimirle el zumo que sin duda esconde. Zumo de ladrillo.

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