
Para empezar, sus componentes son de una calidad excelente. El juego viene en una caja grande de cartón duro. Dentro encontramos un montón de piezas de madera coloreada que representan recursos naturales (piedra, madera, oro...) y trabajadores. También hay piezas en forma de ficha y de casita. A ello se le suman unas robustas fichas de cartón a todo color, de buen tamaño, que representan los edificios que iremos construyendo para dar forma a la ciudad al pie del castillo. Por último tenemos un montón de monedas de cartón grueso y un tablero de buen material, colorido, intuitivo y del tamaño ideal para caber en cualquier mesa sin quedarse pequeño. A ello se añade un librito de reglas en castellano.
En cuanto al objetivo del juego: los jugadores emulamos a maestros constructores. El objetivo final es obtener más puntos de prestigio que los demás, y ello se logra de tantas formas distintas que Caylus resulta fascinante por la cantidad de modos que hay de afrontar una partida. Construir partes del castillo reporta prestigio. Construir edificios en la ciudad también. Organizar espectáculos en el campo de gestas, ahorrar oro, obtener favores reales, permitir a los obreros de otro jugador trabajar en nuestros edificios... Las posibilidades estratégicas son amplísimas. No hay una forma correcta de ganar la partida: hay muchas.

Tras dos rondas todo el mundo ha captado la idea, y el juego empieza a cobrar fluidez. La partida empieza de una forma pausada, y al principio las posibilidades estratégicas son menores. Pero eso cambia pronto, pues la ciudad empieza a crecer. Aparecen nuevos edificios que ofrecen a los jugadores nuevas posibilidades y beneficios, y nuevas oportunidades de construcción. Cada ronda hace que la partida gane en complejidad y alternativas. Cada ronda es distinta a la anterior. Cada ronda es mejor a la anterior.
Las partidas de Caylus se resuelven en unas dos horas y resultan deliciosamente agotadoras. Requieren una atención total pero placentera. El tablero es un hervidero de actividad y los jugadores están constantemente haciendo maniobras. Y a medida que avanza el juego resulta más evidente el portentoso equilibrio de su mecánica y la enormidad de posibilidades estratégicas.
En definitiva, un gran juego de gestión de recursos en el que los jugadores no se enfrentan de una forma directa. Ideal para amantes de la estrategia y los juegos avanzados. Divertidísimo, elegante y con múltiples formas de acometerlo estratégicamente. Tal vez el mejor juego que he jugado.

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3 comentarios:
No es que me parezca aburrido, tiene una buena cantidad de variables. Pero el de Razzia tiene un punto gamberro que me parece más divertido.
Para mi no son comparables. Razzia es un juego divertido y ligero, pero con unas posibilidades de acción reducidas y un importante factor aleatorio debido a las cartas.
Caylus basa su mecánica en la estrategia y el equilibrio. Requiere mucho más esfuerzo para aprenderlo y jugarlo, pero me resulta más satisfactorio debido precisamente a la dedicación mental que exige. Una dedicación que, en un juego mal diseñado sería aburrida, pero acá resulta divertidísima.
Sí, los vídeos son muy desciptivos.
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