29 de septiembre de 2007

Rat Hot: Un barco cargado de... ratas

Es costumbre por acá hablar de los juegos de mesa que me gustan, pero hoy no me apetece. Rat Hot es un juego para dos personas que ni me divierte a mí, ni probablemente divertirá a nadie después de tres o cuatro partidas. Pese a ello, le dedicaré unas líneas.

El concepto: dos especieros (los jugadores, claro) comparten un barco mercante y se esfuerzan en almacenar ordenadamente sus respectivos cajones de especias. Por desgracia, las ratas amenazan con devorar el botín, y habrá que asegurarse de mantenerlas a raya.

La caja de Rat Hot es demasiado grande para su contenido. Sus dimensiones vienen a ser las de dos estuches VHS apilados. Dentro tenemos:

- Unas cuantas fichas de madera en colores gris y amarillo para contabilizar los puntos que obtienen los jugadores.

- Un montón de fichas de cartón rectangulares, con tres casillas por ficha en las que hay dibujadas especias (verdes y rojas) y ratas (rojas y verdes).

- 4 panfletillos a todo color con las instrucciones en distintos idiomas incluido el hispano.

El juego funciona como una especie de dominó. Al principio, todas las fichas están a un lado boca abajo, aguardando a ser colocadas. Los jugadores toman las fichas por turno y las van colocando boca arriba sobre la zona de juego. La idea es que el jugador que juega con verdes agrupe casillas con especias verdes, y el otro jugador haga lo propio con las especias rojas. Cada vez que un jugador crea o modifica un grupo de especias de un color el jugador que lleva ese color gana puntos. Por otro lado, el jugador verde perderá la partida fulminantemente si aparecen en juego tres ratas verdes, y lo mismo le pasará al jugador rojo si aparecen tres ratas rojas. Afortunadamente se pueden tapar las ratas que han aparecido, simplemente apilando fichas unas encima de otras. La única regla al respecto es que no se puede apilar sobre espacios vacíos ni de modo que una ficha cubra totalmente otra ficha. Así pues, si queremos colocar una ficha apilada, debemos cubrir con sus tres casillas otras tres casillas de, al menos, dos fichas distintas que estén colocadas en el nivel inferior. Esa es la mayor complicación que encontraréis en Rat Hot. Estamos ante un juego aburrido que ni siquiera tiene la decencia de tener unos componentes bonitos.

Es probable que encontréis este juego en la sección de ofertas de vuestra tienda. Que no os engañe su bajo precio porque es la única alegría que os dará. Si buscáis un buen juego para dos jugadores hay otras opciones muy interesantes a la vuelta de la esquina.

A la Vuelta de la Esquina:

28 de septiembre de 2007

Hipgnosis, Primera Parte

Hipgnosis fue un grupo de diseñadores gráficos británicos especializados en portadas para discos musicales. Fueron responsables de algunas de las portadas más sugerentes de la historia discográfica, en aquella época en que el diseño de estas era una parte esencial del disco, aquella época en que los aficionados comprábamos esos vinilos de carpetas enormes en las que podías bucear mientras escuchabas la música de tus ídolos. Hoy en día, las ridículas portaditas de 12x12 de los CDs están muy lejos de aquella magia. No hablemos ya de la música descargada de Internet, que, con todo lo práctico que resulte, ni remotamente ilusiona al melómano como ilusionaba ir a su tienda habitual y rebuscar en los cajones en busca de joyas en vinilo.

Grupos como Led Zeppelín, Scorpions o Yes pusieron el diseño de sus covers en manos de Hipgnosis. Mención aparte merecen las fabulosas portadas de Pink Floyd, tantas y tan buenas que pronto dedicaremos a ellas la segunda parte de este artículo. Mientras tanto, os invito a deleitaros con este pequeño muestrario.













A la Vuelta de la Esquina:

27 de septiembre de 2007

Cumpleaños Sangriento

Una microentrada dedicada al rey del terror, que hoy cumple 60 añazos. Si no me fallan las cuentas, hace ya 22 años que leí a Stephen King por primera vez con aquella espeluznante El Misterio de Salem’s Lot. Y después de todos estos años no siento vergüenza alguna al decir que he leído la mayor parte de su obra y que sigo pensando que King es uno de los mejores escritores de best sellers de nuestra época. Hoy os dejo tres enlaces sobre King que os informarán y entretendrán mucho más que este torpe redactor.

- Stephen King: sé que es una obviedad, pero no podía faltar la web oficial del autor. En inglés, me temo.

- Ka.Tet Corp: un portal en castellano, con noticias y un foro muy participativo. Ideal para charlar con fans.

- Insomnia: la revista digital en castellano sobre King. Una web mítica que ya ha publicado 117 números. A número por mes, eso hace… ¡uff, muchos años! Puedes descargar todos los números de la revista o leerlos online.


A la vuelta de la esquina:

26 de septiembre de 2007

La Puerta de las 13 Cerraduras - Entrega 5

¡Venganza Tóxica tiene el gran placer de presentarles, en exclusiva mundial, la más espeluznante novela gráfica jamás creada! ¡Atrévase a acompañar a nuestro valeroso héroe Max “Audaz” en esta horripilante pesadilla en 14 entregas que le mantendrá presa del terror más paralizante! Y recuerde: ¡algo tan pavoroso sólo lo encontrará en Venganza Tóxica! ¡No se pierda ni una sola de las 14 entregas que completan este abominable misterio!












¡¡¡Continuará!!!

Y si desea leer todas las entregas publicadas, sólo pinche ¡¡¡Aquí!!!

25 de septiembre de 2007

El Buen Juicio

Unos años antes, cuando Randy se cansó de la presión incesante en la mandíbula inferior, fue al mercado de cirugía oral del centro norte de California buscando a alguien que le sacase las muelas del juicio. El dentista le tomó una de esas placas de rayos X totales de la mandíbula inferior, de esas en las que te forran la boca con medio rollo de película de alta velocidad, te fijan la cabeza y la máquina de rayos X da vueltas a tu alrededor lanzando radiación a través de una rendija, mientras todo el personal del dentista se oculta tras una pared de plomo, lo que produce una imagen impresa que es la distorsión no demasiado agradable de tu mandíbula en un único plano. Mirándola, a Randy se le ocurrieron analogías groseras como “cabeza de hombre aplastada varias veces por una apisonadora mientras estaba tendido de espaldas” e intentó considerarla como una transformación de cartografía, una más en la larga historia de la humanidad de intentar descabelladamente representar cosas tridimensionales sobre una superficie plana. Las esquinas de ese plano de coordenadas estaban ancladas en las muelas del juicio, que incluso para alguien con tan pocos conocimientos odontológicos como Randy ofrecían un aspecto inquietante porque cada una tenía el tamaño de un pulgar (aunque quizá se tratase de una distorsión de la transformación de coordenadas, como la famosa Groenlandia hinchada de Mecator) y estaban muy separadas de cualquier otro diente, lo que (lógicamente) las situaría en partes de su cuerpo que normalmente no se consideran territorio de un dentista y el ángulo no era el correcto; no es que estuviesen ligeramente inclinadas, sino casi invertidas y hacia atrás. Al principio lo atribuyó todo al fenómeno Groenlandia. Con el mapa de la mandíbula en la mano, se echó a la calle del territorio de las Tres Hermanas buscando un cirujano oral. Estaba empezando a ponerse nervioso. ¡Eran unas muelas enormes! Traídas por la acción de hebras de ADN antiguas de la época de los cazadores recolectores. Diseñadas para reducir la corteza de los árboles y el cartílago de mamut a una pasta fácil de digerir. Ahora esos pedruscos de esmalte viviente estaban horriblemente a la deriva en una grácil cabeza de cromagnon que simplemente no tenía espacio para ellos. Sólo había que considerar el peso extra que cargaba. Sólo había que considerar los usos que se podían dar a ese espacio. Cuando hubiesen desaparecido, ¿qué llenaría el espacio de los enormes vacíos en forma de muela de su melón? No tenía demasiada importancia hasta que encontrase la forma de deshacerse de ellas. Pero un cirujano oral tras otro lo rechazó. Ponían la placa en las cajas de luz, la miraban y palidecían. Quizá no fuese más que la luz pálida que salía de las cajas pero Randy podría jurar que empalidecían. Falsos –como si las muelas del juicio saliesen normalmente en otro sitio-, ellos comentaban que las muelas del juicio estaban enterradas muy, muy, muy profundamente en la cabeza de Randy. Las de abajo estaban tan atrás que eliminarlas prácticamente rompería estructuralmente el hueso en dos; en ese punto, un movimiento en falso haría que un pico de demolición quirúrgico llegase a su oído medio. Las de arriba estaban tan profundamente metidas en el cráneo que las raíces estaban enroscadas en partes del cerebro que normalmente se ocupan de la percepción del color azul (a un lado) y la capacidad de suspender la incredulidad en las películas malas (al otro), y entre las muelas y el aire, la luz y la saliva había muchos niveles de piel, carne, cartílago, nervios importantes, arterías que alimentaban el cerebro, abultados nodos linfáticos, vigas y puntales de hueso, médulas que funcionaban perfectamente, algunas glándulas de cuyo funcionamiento se conocía inquietantemente poco y muchas de las otras cosas que hacían que Randy fuese Randy, todas ellas pertenecientes definitivamente a la categoría de elementos que es mejor no tocar.

Parecía que a los cirujanos orales no les gustaba meterse en la cabeza más allá de los codos. Habían estado viviendo en grandes mansiones y conduciendo berlinas Mercedes-Benz al trabajo mucho antes de que Randy hubiese arrastrado su triste culo a sus consultas cargando con la placa de rayos X y no tenían absolutamente nada que ganar intentando sacarlas, no tanto las muelas del juicio en el sentido normal sino presagios apocalípticos del Libro de las Revelaciones. La mejor forma de sacarlas era con una guillotina. Ninguno de esos cirujanos se plantearía siquiera proceder a la extracción hasta que Randy hubiese firmado una excepción de responsabilidad legal demasiado gruesa para ir grapada, algo que vendría en un archivador, cuyo contenido general sería más o menos que una de las consecuencias normales de la operación sería que la cabeza del paciente acabase flotando en un tarro de formaldehído en una atracción turística más allá de la frontera mejicana. De tal guisa vagó Randy de una consulta a otra durante unas semanas, como un descastado teratómico recorriendo un desierto postnuclear al que echaban de los pueblos las críticas de los desdichados y aterrorizados campesinos. Hasta un día en que entró en un despacho y la enfermera que le atendió casi parecía estar esperándole, y le llevó hasta una sala de examen para mantener una consulta privada con el cirujano que en ese momento estaba muy ocupado, en algo que consistía en lanzar al aire un montón de polvo, en otra de las pequeñas salas. La enfermera le ofreció asiento, preparó café, luego encendió la caja de luz, cogió la placa de Randy y la colocó en su sitio. Dio un paso atrás, se cruzó de brazos y miró maravillada la imagen.

- Bien –murmuró-. ¡Así que éstas son las famosas muelas del juicio!


Tijeretazo de Criptonomicon, de Neal Stephenson

A la vuelta de la esquina: